Árbol de la noche

10 Dic

Yo soy el árbol de la noche. El oscuro follaje, mis hojas, canta bajo la oscuridad y el brillo mezclado de las estrellas; soy árbol que canta y baila, entre la tierra y el mar, que sube y despliega raíces hasta el infinito áureo del alba; pero soy cedro o acacia, soy ceiba o roble, olmo o pino; siento a veces que seré frágil ciruelo pero nunca fértil cítrico, dónde estará el recibo de letanías en hojas lanceoladas?, habrá frutos que se sostengan en mis ramas? No he visto desde hace días a mi amiga la lluvia!; anhelo tanto bailar con ella, humedecerme con ella, y sentir cómo toca cada parte de mi cuerpo, de mi tronco duro y sólido; no sé si vendrá de pasajera en un nublado otoñal, pero recuerdo su última agonía: ¡seré contigo en la madrugada, y mi padre te arrancará la existencia! No he comprendido este lenguaje, quizás vuelvo de otro horizonte hasta sembrarme en sombras, porque aquí no hay pájaros que aniden en mí, no hay animales que duerman conmigo; basta un gusano que perfore mi dureza y podré saberme existente entre tanta fortaleza verde; ahí va un minuto quizás dos, que nunca recuperaré, los veo irse con lentitud de vagabundo, con perspicacia de mentiroso, pero jamás soltará ese bastón y toda la vida, el resto que le queda, dependerá de la necesidad. Dónde quedaron las maderas que gritaban y giraban bajo mis ramas?, mi condena es haber nacido múltiples veces o con multitud de esencias; soy el árbol viajero, pero mi amigo el fuego, uno de mis más entrañables amigos, es el que más daño me causa: quisiera que un abrazo nos uniera para siempre, pero en ese instante yo habré de perecer. Porqué a mi me sucede esto?, yo no quiero ver más a las personas, no quiero seguir repartiendo sombra gratuitamente, por eso no me quedo estático, porqué mi condena es parecer frondoso?, no hay caridad en mí, ya no hay; no esperen ser bienvenidos, yo solo quiero jugar a volar y tener alas indomables; no esperen que yo sea el salvador; antes de barca seré cruz, y en mí morirá todo redentor; no quiero parecer egoísta pero mi cuerpo me pertenece, es mío, el administrador soy yo; no esperen ríos de savia, porque no los habrá, antes venderé mi jugo precioso a las grandes compañías joyeras; quiero ser joya y recuerdo entre las piernas, quiero ser imagen o gran columpio sin límites, pero llévenme al mar y seré serpiente o pez sin ruedas, habrá definitivamente, más sal en mis arterias que correas en establos. Bien, pero alguien tendrá que despertarme de este sueño, balazo onírico para morir al sueño y despertar a la vida, quién sabe qué me encontraré en este universo donde ya no cabe un árbol sin antes ser contaminado por el veneno de esporas. No, no pretendo despertar a un mundo peor del que ya vivo, si esto es sueño déjenme dormir, que yo soy el único capaz de interpretar los sueños; no soy profeta, pero soy un mago de los sueños, sabré qué decirle a cada quien para que pueda soportar vivir con los sueños, aun con los más terribles que tengan; porque no seré yo quien les diga que no vale la pena vivir sino se sueña, y que no vale la pena soñar si no se goza, y no vale la pena gozar sino se vive; yo mismo estoy atado a este camino, surco, vía, donde avanzar sólo es dado a los que compran pies, pero yo no necesito caminar, aprendí a volar cuando conocí a mi amigo el fénix, a mi amigo pájaro de fuego, a todos mis amigos que ya han volado y no pudieron esperarme en el crisol del tiempo, porque yo, como nadie, he envejecido tan deprisa, que no se ha cumplido mi ciclo de existencia y la muerte es tan amiga mía, que sólo espero el día de su abrazo, y ella, testaruda, no me concede su don oscuro; ojalá llegue el día que pueda interpretar sus designios y logre ser amo de la vida y de la muerte, y logre ser autónomo del destino; a veces entre cantos se me va el aliento pero nunca se me ha ido el corazón en algo tan doloroso como el amor, como la amistad, como estampa de verano triste, donde todo lo gané y todo lo perdí, así llegué a comprender que a cada minuto, a cada instante, que se prescinde del tiempo se gana más espacio en la eternidad de dolores, y se pierde un poco la inmortalidad definitiva, antes uno se convierte en eterno muerto y renace y muere y vuelve a renacer todas las veces posibles en cada ceremonia de la vida o del amanecer. Los que antes llegaron a ese estado pudieron sobrevivir alimentándose de los más pequeños, de los ingenuos y de los débiles, todo eso los llevó a crecer en egoísmo y ambición. Yo nunca conocí a mi familia, en forma de pequeña semilla me llevaron a esas ínsulas extrañas de donde escape como hoja y como polvo, y mi amigo el viento fue generoso conmigo, llevándome a los valles de la libertad donde pude percibir en toda su extensión el placer del gozo. Pero aprendí también del dolor porque a cada lugar donde iba, ya estaba cerca la presencia oscura de la maldad, y el odio y todos sus secuaces se presentaban con furia e intransigencia, y aniquilaban a todos, no dejaban a nadie sin antes haberle absorbido su esencia natural, y haberle consumido su gracia y virginidad; todo fue corrompido, todo fue ultrajado; hasta aquí han logrado llegar invadiendo los sagrados bosques de frescura: ya los oigo acercarse con sus filosas hachas.

Anuncios

Capicúa

10 Dic

Me encanta que haga frío

Creo que hubiera sido muy divertido tener un nombre capicúa. Que mi nombre se pudiese leer de izquierda a derecha y de derecha a izquierda me hubiera facilitado mucho a la hora de aprendérmelo, me habría ahorrado aprender tantas letras,  no me confundiría al momento de escribirlo, y cuando se lo dijera a alguien lo aprendería rápido y muy difícilmente lo  olvidaría. Eso les sucede a Otto y a Ana, ambos nombres capicúas. Ellos son los protagonistas de la película española Los amantes del círculo polar.

Para mi comodidad no hace falta buscar una manera de describirla, ya está dicho. En una canción dice así: “la película más bella y la más triste que en la vida pude ver…”. Eso, exactamente eso es esta película. Todas las vueltas y los caminos por donde nos lleva el amor, siempre son un laberinto, y las cosas por las que nos hace pasar son siempre sorprendentes. A esta pareja, la vida y el amor les han preparado todavía las más inesperadas situaciones, llevándolos hasta límites que nunca se imaginaron vivir.

Fuera de las formas típicas del amor, esta película española arrastra por la peculiar manera de contarse y cómo muestra las posibilidades del amor, que siempre termina por atraparnos en un círculo.

Aventura y circunstancias

20 Nov

Cuento

La sangre fluía de la herida de su brazo izquierdo con abundancia y sin dar muestra de querer detenerse. La herida causada por el machete afilado como un trueno, era profunda y  llegaba hasta el hueso, abriendo un canal rojo de carne y viscosidades. El hombre iba en el asiento trasero del auto presionando su brazo, intentando detener la sangre que manaba y que parecía llevarse su vida. El dolor no estaba presente. Preocupado por huir de ese lugar, solo pensaba en su herida como un estorbo. Entregaba totalmente su destino en manos de su compañero que conducía. El conductor, sin heridas graves, pero cubierto de rasguños y manchado de sangre, manejaba con todo el cuidado que le permitía la desesperación. El camino tampoco facilitaba la huida. El camino que habían tomado era uno de los escasos modos de adentrarse a la selva. Además, el único rastro de camino eran las marcas que dejaban las carretas y las mulas que pasaban por ahí e iban a las comunidades aborígenes.

Todo fue inesperado desde su llegada. El recibimiento por parte de los habitantes no fue nada agradable, y menos lo fue la despedida, prueba de ello eran las heridas en sus cuerpos. Ahora sólo querían salir de aquél lugar maldito y llegar a algún camino conocido para buscar un sitio donde pudiesen ser curados.

La noche estaba espesa entre los árboles y las sombras confundían el camino; todo era difuso y siniestro como una pesadilla de muerte. Tal oscuridad no dejaba esperanza alguna para ambos viajeros.

Entre la penumbra del bosque lograron vislumbrar una construcción, como una casa antigua y grande. El conductor ayudó a su compañero quien, por la pérdida de la sangre ya estaba moribundo y débil. Entrando en la casa vieron unos personajes flemáticos y raquíticos como árboles marchitos. No más de tres segundos pasaron cuando las personas del lugar vestidas de blanco se acercaron hacia los hombres que permanecían en el umbral de la puerta. El herido, con la poca conciencia que le quedaba logró distinguir a unos seres fantasmagóricos que se dirigían hacia él y sujetaban su cuerpo con sus frías y duras manos.

 

1

Cuando abrió los ojos distinguió a su compañero en una cama a su lado. Se sentía débil y mareado. Su compañero recobraba también el sentido y cuando se miraron su amigo tenía la mirada desconcertante y abismal. Un terror desesperante invadió su cuerpo, y cuando miró a ver su brazo, descubrió el muñón vendado. Su dolor emergió como un grito histérico.

En el centro hospitalario tuvieron que amputarle el brazo por la gravedad de la herida, y su compañero dio parte de su sangre para salvarle la vida.

 

2

Los ojos secos del hombre parecían caídos en un pozo de sufrimiento. Las heridas de su cuerpo eran soportables pero sanaban con lentitud. De pie, cerca del gran agujero en la tierra, miraba cómo toda su desgracia se hundía en un ataúd donde se encontraba el cuerpo sin sangre y con el brazo izquierdo destrozado de su amigo.

 

 

 

3

Ahora se disponían para realizar, cada uno, distintos viajes de distintas maneras. No sólo cada uno llevaría diferente ruta, sino que realizarían varios viajes al mismo tiempo y a diferentes lugares. El brazo herido no se pudo salvar, pero el resto se encontraba en buen estado. Los corazones irían al norte del país, donde eran más solicitados. Hígados, pulmones, riñones, serían dispersados por los cuatro puntos cardinales del país, quizás hasta del mundo. Pero ninguno tendría conciencia de esos viajes. La noche anterior su desgracia los condujo hasta un centro clandestino de tráfico de órganos.

Le Petit Prince

20 Nov

L’essentiel est invisible pour les yeux

 

Lo he leído varias veces, una y otra vez, y cada vez que lo leo, lo disfruto como si fuera nuevo, como si fuera la primera y la última vez que lo estuviese leyendo. El principito (Le petit prince en el original francés), es un libro que ha marcado definitivamente mi forma de leer, de apreciar la literatura, y sobre todo de vivir.

No soy muy dado a la crítica o la reseña literaria, por tanto, no puedo hacer un análisis de algún libro por gusto propio. En el caso de El principito esta idea se encuentra alejadísima. No soy capaz ni de considerar un análisis de esta obra, eso se lo dejo a los “expertos”, quienes han hablado hasta el cansancio de ella y aún así no terminan de asombrarse. Simplemente diré algunas cosas que me hace sentir cada vez y toda vez que leo este libro.

Quizás su autor Antoine de Saint-Exupéry nunca imaginó que al narrar algo así, estuviese creando algo que ahora es y será siempre una joya de la literatura universal. Y no se podría precisar para qué público estaba dirigida, pero al leerla, puedo sentir cómo toda mi sensibilidad me lleva a redescubrir todas las etapas de mi vida. Además, en mi corazón algo vibra, como un anhelo de querer ver el mundo en la forma que lo ve el principito y valorar así todas las cosas de la vida. Particularmente hay dos aspectos que siempre se manifiestan en mi sentir: el amor y la amistad. Como el principito, uno quisiera poder amar con esa intensidad ya sea una rosa, la vida, la libertad; de igual forma uno siempre está en busca, interminable búsqueda, de amigos. Atravesar todo el universo en busca de amigos, es la labor más pura que existe, porque siempre habrá alguien con quien podamos compartir los ritos de la domesticación, aunque este alguien sea un humilde zorrito.

Nunca dejaré de leer y releer esta obra, porque ha dejado huella en mi vida y mi alma, y algo así se lleva para toda la vida; tampoco puedo evitar que mis ojos se humedezcan cada vez que lo leo, y pienso que esto es signo de que aún soy capaz de la sensibilidad por la belleza y la inocencia en la vida.

Como cuatro puntos cardinales

24 Oct

Equilibrio en plomo

Hay lugares redondos que acogen

y sostienen muchas iridiscentes ideas;

ahí a veces ha caído mi mirada encontrando

signos y repercusiones de antiguas vibraciones.

No ha sido culpa del tiempo el ventisquero loco

y un poco arruinado, sino que entre pergaminos

se fueron desvaneciendo las pupilas

hasta encerrarse en el cristal frío y duro.

No hay lágrimas, pero hay aullidos que escapan

y auguran más dolor que la amargura;

como unos colmillos filosos irán llegando

recuerdos mojando y diluyendo algunos delirios

que entre flores han sido olvidados los cinceles.

Sólo una voz quemada, algo arrugada, sobrevive,

busca y figura concentraciones como sistemas

o giros entre balanzas que desmiembran la palabra

llevando y ejerciendo órbitas sin compás ni medida

donde la única línea rompe las ataduras de la escuadra.

Y llena de sangre está la voz, que alcanza, que abraza

desde ciénagas, desde bahías, entre cantos de manatíes:

rompiendo los vasos, destilando los granos

ha cambiado las imágenes en el centro de mi cerebro:

ha vaciado años que no comprenden la memoria:

avanzando hacia la cumbre de plumas e iluminaciones

son fraternas las pupilas que encierran mi equilibrio en plomo.

Posibilidades

El sol o el lado oscuro de la luna

Silencio o la danza del escándalo

Grano de azúcar o una ola perfumada

Desnudez o vestidura de árbol

Cordura o la locura más nítida

Todo el universo o la reunión de la nada

Realidad o la manifestación del sueño

Sabiduría o ignorancia erudita

Sensaciones o la profundidad de la piel

Caricia o golpe de piedra

Música o revolución de vihuelas

Movimiento o estática perene

Descanso o vibración del alma

Gota de sangre o aplauso de metal

Mirada profunda o párpado transparente

Jícara dormida o vaso de cristal

Lluvia o bóveda azul

Sed o todo el mar

Fuerza o plumas de fuego

Pasión o instinto desgarrado

Todo el tiempo o breve eternidad

Palabras o jeroglíficos de agua

Poemas o seres ardientes

Hambre o alimento innecesario

Polvo o humanidad evanescente

Certeza o fingida esperanza

Calor de fuego o abrigo de nieve

Estrellas o lluvia de luciérnagas

Soledad o silenciosa multitud

Libertad o todas las cadenas

Dios o todos los demonios

Vivir o morir viviendo

Morir o vivir muriendo

La danza de los alfileres

Sostienen láminas de piel metálica

el reflejo espumoso del viento caído;

desbaratando órbitas de insectos

eléctricos, las perpendiculares hojas

del tiempo elevan su testimonio.

Como persiguiendo el canto de escorpiones

entre pájaros de agua adormecida,

un velo de cristal desmenuzado sobreviene

e impone iridiscencias sobre corolas

entumecidas por el aliento de animales

que sufren la agitación de la ternura.

Hay, tal vez, un sonido tumefacto

comprimiendo en la saliva, algunas

mariposas verdes de artefactos

que no soportan estirarse, y rompen

el horizonte como huevos de serpiente.

Llegando entre sortilegios o girando

como el tiempo, el sol vacía su estómago

y claudica sobre ojos que descansan

al veneno, imitando movimientos

que enervan y alborotan las olas crepusculares.

Viene pisando, socavando la memoria

o quizás fumando antigüedades de oro,

un ángel difuminado entre espesuras

de arboledas, donde ríen y celebran

las vírgenes elegidas por la sombra.

Forma busca y estipula el agua

donde hierve y acude el sonoro gemido

de la luz. Sin embargo, sobre ventisqueros

desnudos apuntala su lengua y derrite

todas las uvas del silencio enfurecido.

Trae la substancia transparente, otra

envoltura descubierta, con que la tierra

enrolla y examina, sus vestidos duros

de madre imaginada. Son los ecos

aceitosos los más lentos signos del movimiento.

Cae y sobresale entre jaguares, de piel

fermentada o comprimida, el veneno

artesanal de la inocencia, con que ancianos

circulares atribuyen amplitudes

al fuego dibujado entre las flores.

Aquí recibe y establece la carne

los dolores primitivos del sentido.

Entre agujeros amarrados con cabello,

sepultados de sudores tangerinos,

acuden los conceptos al salitre humedecido

de la voz crucificada por los sueños.

Todos los sabores regresan y evaporan

la conciencia, y en desorden huyen

estrellas enflaquecidas de aguijones:

sembraron verduras de intrigante destino

que palpita oscurecido en el firmamento.

Todos los poros se abren y reciben néctar

como cunas penetradas por sigilos:

danzan los alfileres.

3

Inerme caigo al fondo del precipicio

donde mueren todas mis necesidades;

en esta oscuridad mis voluntades

en altar de piedra son el sacrificio.

El silencio como cruel cilicio

tortura las mentiras y las verdades;

cambian mis ilusiones y realidades

dejándome sin virtud y sin vicio.

El tiempo sólo es una quimera.

Nada valen las horas y los días.

No existe invierno ni primavera.

Se esfuman los deleites y agonías

abandonándome en soledad entera

donde sólo hay lentas poesías.

Epifanía

11 Oct

Un nuevo espacio viene a la luz; donde las ideas se acumulan y fluyen como ríos, como lluvia o como viento, ahí está presente la pluma de fuego que da testimonio, que deja huella en la existencia virtual, una nueva forma de existir.

No hay nada excluido, todo es bienvenido: habrá arte y más. Las concentraciones preferentes serán de literatura, el amor a la sabiduría, la creación y la manifestación artística, la música, la cinematografía, la pintura, la fotografía y más serán acogidas con calidez y gratitud.

En este sitio, se buscará la originalidad, la creatividad, aquello que desafía siempre la normalidad y los esquemas preestablecidos; si algo es alternativo, será recibido con agrado; siempre bienvenido, nunca rechazado; aquí será toda manifestación que permita que la pluma de fuego arda.